
Los zapatos embarrados y deshilachados de un muchacho, aquel día detuvieron mi pensar. Estaba extraviado y en un mundo desconocido para él. Todos pasaban por el lado, e incluso algunos lo golpeaban con su rapido andar. Sus ojos brillosos trataban de mantener la esperanza de encontrar a los suyos. Me senté a observar un poco más. Su paz interior era impresionante. No importaba cuanta gente lo ignorara y lo golpeara, el seguia ahi. Pero algo sucedio. Con su brazo se secó los ojos. Miro hacia su estómago y una luz se desprendió de su vieja polera.
Todos notamos su presencia... pero ya era muy tarde.


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